VenezuelaFoto por Carlos Adampol Galindo

COVID-19

La humanidad está viviendo una visión cinematográfica del apocalipsis zombi. Enfermedades virales, inestabilidad y caos rondan en todo el mundo. Sin embargo, sabemos por experiencia que los humanos a lo largo de la historia han evolucionado en paralelo a sus dificultades y esta no será la excepción. Por el momento, nos enfrentamos a una de las mayores crisis del siglo XXI: La pandemia de COVID-19.

En 2019, el virus SARS-CoV-2 que originó la COVID-19 apareció por primera vez y obligó a la gente de todo el mundo a confinarse. Este aislamiento condujo a restricciones en todas las áreas sociales y aumentó la brecha socioeconómica entre los países pobres y los ricos. Por ello, los gobiernos han tenido que reinventarse a sí mismos y avanzar hacia soluciones a través de la tecnología, la automatización y la inteligencia artificial.

Confinamiento y educación

La necesidad de mantenerse en confinamiento nos obligó a cambiar nuestras actividades rutinarias. La educación, por ejemplo, ha tenido que tomar una forma completamente nueva. Por un lado, los gobiernos establecieron parámetros para mantener el orden social y garantizar la continuidad académica de los estudiantes en todos los niveles. Por otro, tuvieron que restringir los métodos tradicionales de clases presenciales para mantener a raya la propagación del virus.

Los sistemas educativos están en el núcleo de todos los países. Antes de la pandemia, bastaba con asistir a un centro educativo, superar los cursos y eventualmente obtener credenciales por el esfuerzo. Ahora, bajo el esquema de la pandemia, los estudiantes necesitan estar en casa y tener los recursos tecnológicos para cumplir ese papel y hacer el trabajo. Por lo tanto, la participación en clase ahora depende del acceso y el uso de la tecnología.

En el caso de Venezuela, el gobierno implementó el plan “Cada familia una escuela” con la idea de que cada hogar se convirtiera en una extensión de la escuela. Aunque este plan puede verse bien en el papel, en la práctica se complica por el hecho de que sólo alrededor del 47 % de los hogares tienen acceso a Internet o a equipos informáticos (Zúñiga, 2020). La economía del país ha sufrido un retraso en los últimos dos decenios, la moneda ha perdido su valor y muchos están empezando a depender del dólar como moneda de curso legal debido a la hiperinflación del bolívar venezolano. Sin embargo, muy pocas empresas venezolanas pagan a sus empleados en dólares y no todos los hogares reciben remesas en dólares de familiares que viven y trabajan en los Estados Unidos. Como consecuencia, existe una brecha social en el poder adquisitivo entre los ciudadanos que tienen acceso a dólares y los que no lo tienen.

El uso casi forzado de las tecnologías debido a la aparición de la COVID-19 genera conflictos de clase entre los ciudadanos. Para poder acceder a las clases en línea en las escuelas, es necesario tener primero los equipos tecnológicos y conexión a Internet. Por ende, el sistema automáticamente margina a los que no tienen ese acceso.

Sobrevivir a la pandemia

Como seres humanos, somos criaturas de hábitos. Anhelamos la “normalidad” porque eso es lo que hemos aprendido. Sin embargo, después de la pandemia, debemos aceptar que las cosas no volverán a ser como antes. Todo ahora es virtual. Los sistemas educativos se han transformado tras varias iteraciones que van desde modelos completamente virtuales a modelos híbridos, los cuales incorporan elementos de los modelos tradicionales de estudiante-profesor. Como un camaleón, las escuelas se han visto obligadas a adaptarse.

La distancia social se está convirtiendo cada vez más en una necesidad, obligándonos a transformar nuestros hogares en espacios de trabajo. La familia ha tenido que asumir muchas de las tareas que antes se asignaban a las escuelas, lo que ha dado lugar a un conflicto de responsabilidades que, en muchos casos, puede tener consecuencias a largo plazo en el desarrollo humano. Para lograr la supervivencia, podemos vernos forzados a pagar el precio del aumento de las desigualdades sociales.

Incluso si superamos la crisis por la COVID-19, la sociedad no volverá a su estado anterior. La pandemia ha cambiado a la humanidad en todo el mundo. En nombre de la supervivencia mínima, este cambio era inevitable.

Colegio Militar, Caracas, Venezuela flickr foto por Carlos Adampol compartido bajo licencia Creative Commons (BY-SA)

Referencias:

Rodriguez, E. (6 de febrero de 2020). The Venezuelan economy between the dollar and the bolivar. Global Comment. Recuperado de http://globalcomment.com/the-venezuelan-economy-between-the-dollar-and-the-bolivar/

Zúñiga, M. (31 de mayo de 2020). Raising kids in Venezuela was already hard. Then schools shut down. The Washington Post. Recuperado de https://www.washingtonpost.com/ world/the_americas/coronavirus-venezuela-schools-distance-learning-child-care/2020/05/27/655481e4-a026-11ea-be06-af5514ee0385_story.html