Brasil está experimentando un cataclismo social y político sin precedentes; sucede al menos desde la redemocratización, cuando la Constitución de 1988 puso fin al régimen militar dictatorial instalado en un golpe de Estado ocurrido en 1964, contra el entonces presidente João Goulart.
El proceso de redemocratización estableció nuevas bases constitucionales y legales para ampliar los conceptos de ciudadanía y participación política democrática, pero no logró enfrentar de manera efectiva y amplia a las fuerzas que establecieron y mantuvieron el régimen dictatorial.
Jair Messias Bolsonaro, el actual presidente de Brasil, es el subproducto de una ideología que plantó sus pies en los cuarteles y sigue viva, habiendo sobrevivido al fin de la dictadura militar. El hecho de que las fuerzas democráticas no se posicionaran con una ideología democrática dentro de los cuarteles, fue y sigue siendo un enorme error; y los brasileños están pagando ahora el precio.
Desde 1988, las Fuerzas Armadas brasileñas han sido tratadas como “anexos” o estructuras “separadas”. Sin embargo, nunca se alejaron del todo de los puestos político-administrativos, y ahora el gobierno tiene varios miles de militares ocupando puestos estratégicos en la administración pública y civil, una categoría alineada con la ideología de Bolsonaro y que refuerza sus discursos de ruptura con la democracia y con otras instituciones.
La desaprobación masiva del gobierno, que ha alcanzado sus niveles más altos desde la toma de posesión de Bolsonaro, incluye esencialmente a sectores de la sociedad civil. Las disensiones en el seno de los militares son mínimas y se reprimen con discursos alineados con el presidente. La pregunta es: ¿pueden las fuerzas civiles contrarrestar las estructuras armadas? Las ramificaciones de esta pregunta son muchas y muy poco claras.
Además de los militares, hay una minoría en la sociedad civil que sigue apoyando al presidente lo cual no es menos peligroso. Este apoyo es incondicional, irrestricto y a menudo fanático. Esta pequeña fracción social podría demostrar al sector militar, el “apoyo popular” a un eventual golpe de Estado.
La retórica del descrédito contra las elecciones ya está comenzando, incluso como reacción al hecho de que Bolsonaro, pierde en todos los escenarios proyectados contra cualquier posible oponente en las elecciones presidenciales de 2022. Y por supuesto, el expresidente Luis Inácio Lula da Silva, es ahora el mayor nombre de la oposición y el más fuerte candidato a la destitución de Bolsonaro.
En lo que respecta a la pandemia, el actual gobierno trabajó activamente para desacreditar la vacunación y elevó los precios de los inmunizantes, al tiempo que difundió la opinión de que la pandemia era sólo una “pequeña gripe“. En un país como Brasil, que en su día fue considerado una referencia mundial en las campañas de inmunización masiva, este cambio de política fue drástico y está contribuyendo a erosionar aún más la imagen del presidente, junto con el resto del gobierno actual.
Pero esto no significa que Bolsonaro ya esté derrotado. Así como él, individualmente, es una figura errática e impredecible, debemos entender que las instituciones militares pueden ser igual de impredecibles, habiendo promovido varias rupturas institucionales a lo largo de la historia de Brasil.
Lo que no se hizo en 1988 debe hacerse ahora, a más tardar en 2022. Hay que reexaminar las instituciones militares y la ideología que permea en ellas, definir más claramente las funciones de las fuerzas armadas y su papel en la sociedad brasileña. De lo contrario, podrian surgir más líderes como Bolsonaro.
Puede que no se produzca ningún golpe militar. Después de todo, hubo un intento de organizar una ruptura el 7 de septiembre de este año, que obviamente fracasó. Pero lidiar con las instituciones militares de manera más amplia y democrática es una tarea que no depende de ningún golpe militar y que, de hecho, tiene como objetivo prevenir y evitar un mal peor.
De lo contrario, la historia ya nos ha enseñado que el precio es alto, y se cobra con sangre.
Imagen principal de Michel Temer vía Flickr- Licencia Creative Commons (CC BY 2.0).
Sobre el Autor
Jean Augusto G. S. Carvalho es un historiador y traductor brasileño. Se licenció en historia en la Faculdade da Educacional da Lapa (FAEL) en Brasil.