una calle en méxico

La sociedad ha sufrido un enorme golpe con la pandemia de COVID en Mexico. Al igual que otros países del mundo, el cierre de negocios y actividades humanas provocó una caída en la economía y un golpe en el índice de desempleo. Familias enteras tuvieron que modificar sus formas de vida y la manera en que se relacionan entre sí. Esto incluyó fiestas, reuniones familiares y clases escolares. En México, uno de los países que mayor peso le da a su familia, se vivió una serie de eventos que merecen un análisis al respecto.

La segunda ola de la pandemia, oficialmente, sucedió durante los últimos días de diciembre y los primeros días del mes de febrero (aproximadamente). El calendario mexicano considera los últimos días de diciembre como festivos. En un año ordinario, las fiestas comienzan a finales de noviembre y culminan el 6 de enero, Dia de Reyes. Las reuniones sociales y familiares suelen celebrarse al por mayor y en época de pandemia, supuso un enorme problema. Aunque el gobierno pidió a la sociedad que no realizara festejos ni reuniones, estas sucedieron de igual modo.

Días después de la epidemia se elevó el número de fallecidos. La fuerza de la tradición además de un aspecto peculiar de los hogares mexicanos, desató una oleada de contagios. Y es que el hacinamiento de espacios de vivienda en México en zonas populares o de alta marginación los vuelve más proclives a que la enfermedad se transmita con mayor facilidad. A eso se agrega que la norma social en México incluye una serie de acercamientos como abrazos, besos y largas pláticas entre familiares.

Otro problema que causó que la pandemia afectara severamente a México es la salud nacional. Alrededor del 70% de los mexicanos tiene sobrepeso y casi un tercio padece obesidad. Esto provocó que la enfermedad creara cuadros de la enfermedad más graves que los de una población sana. El sistema de salud público se enfocó más en evitar la saturación de los hospitales que en la prevención del contagio, por lo que la responsabilidad se volvió personal. En efecto, el gobierno decidió no establecer mayores medidas de contención: cuarentenas sin coerción del estado y libre
tránsito de personas al ingresar al país.

Existe, además, un tema de espacios reducidos en la clase baja mexicana. Según datos del INFONAVIT, la vivienda promedio de interés social puede ser tan pequeño como los 28 m2, aunque el espacio varía según el nivel socioeconómico de la familia. Esto implica un riesgo todavía mayor de contagio por interacción con personas cercanas. Además de la posibilidad de contagio, se han hecho estudios que señalan la posibilidad de que la violencia intrafamiliar se exacerbe en espacios de vivienda más pequeños. Las familias en México son grandes y suelen estar interconectadas en una misma ciudad. Las disputas familiares en eventos tradicionales, como la navidad o los cumpleaños, suelen ser comunes.

Las medidas que fueron decretadas por el gobierno no fueron desacertadas, pero si revelaron el problema de la terrible desigualdad entre clases sociales. A diferencia de otros países, muchos de los trabajadores mexicanos no podían quedarse en sus casas a realizar una cuarentena. Repartidores, trabajadores de fábricas y gente en la economía informal (56.6%) que vive al día tuvieron que seguir estando en la calle para poder lograr el sustento. Esto hizo que el transporte público se volviera un espacio de contagio que se transmitió posteriormente a los integrantes de sus familias. La informalidad de la economía también impidió que el gobierno actuara efectivamente para paliar los ingresos no obtenidos por la sociedad debido a las restricciones de movilidad.

Por último, pero no menos importante, es la idiosincrasia del mexicano. Y es que la sociedad mexicana es profundamente desconfiada de sus gobiernos y sus imposiciones. A pesar de que las autoridades sanitarias advirtieron sobre la celebración familiar de fiestas decembrinas y el posible peligro de contagio por relajamiento de medidas como cubrebocas y distancia social, gran parte de la población hizo caso omiso de la advertencia y decidió visitar a sus familiares. Esto aumentó el número de muertos de forma significativa y daño parte del tejido social, que aún hoy en día sufre de los estragos de la pandemia más grande del siglo XXI.

Foto por Roman Lopez vía Unsplash

Sobre el Autor

Oscar Alfonzo Pereyra es un sociólogo mexicano que cuenta con una Maestría en Investigación Social y Humanidades por la Universidad Autónoma de Aguascalientes y una Maestría en Sociología por la Universidad Iberoamericana de México