Edificio del Congreso Nacional de Argentina, símbolo de las políticas económicas durante la pandemia.

Argentina recibió un golpe muy duro con la llegada del COVID-19 y la cuarentena (IMF, 2020). La inefectividad de dicha medida, sumada a su alto costo económico, hizo que la población comenzara a debatir la eficacia de la gestión económica de la pandemia en Argentina.

Este debate no puede analizarse de forma aislada. También vale la pena preguntarse si el resto de las economías sufrió impactos similares y, en ese caso, qué explica las diferencias en los resultados.

La pandemia como punto de comparación internacional

Uno de los aspectos más relevantes de la crisis fue que impactó en todo el mundo, y prácticamente al mismo tiempo. Esto permite comparar de manera directa las respuestas de los distintos gobiernos y sus resultados económicos (OECD, 2020).

Si un mismo evento afecta a todos los países de forma similar, las diferencias observadas pueden atribuirse, en gran medida, a las políticas económicas durante la pandemia adoptadas en cada lugar. Desde esta perspectiva, la crisis funciona como una base comparativa para evaluar el desempeño macroeconómico de cada país.

El Índice de Performance Macroeconómico (IPM-USAL)

Para evaluar lo expresado anteriormente se utiliza el recientemente publicado Índice de Performance Macroeconómico (IPM-USAL) (Marcarian et al, 2020), elaborado por la Universidad del Salvador.

En el primer trimestre de 2020, el IPM-USAL de Argentina era el más bajo entre los once países de la muestra. En el segundo trimestre, el índice había caído un 71 %. Esta caída es la más alta registrada dentro del conjunto de países analizados.

En síntesis, según el IPM-USAL, Argentina exhibió el peor ranking macroeconómico durante la pandemia.

Comparación regional y resultados sociales

En comparación con la región, Argentina presenta de forma consistente un peor desempeño que Brasil, Chile, Colombia y Paraguay desde 2017. Un buen desempeño macroeconómico no solo ofrece oportunidades para los negocios, sino que también produce resultados sociales concretos.

Algunos casos regionales resultan ilustrativos. Paraguay cerró el año 2000 con una tasa de pobreza del 57,7 %. En 2019, esta se redujo al 23,5 %, un nivel sustancialmente menor que el de Argentina. Chile pasó del 36 % al 8,6 % en el mismo período. En Colombia, la pobreza se redujo del 53,7 % en 2002 al 35,7 % en 2019.

Índice de Performance Macroeconómica (IPM-USAL) para Argentina y países seleccionados, 2017–2020, mostrando el fuerte deterioro relativo de Argentina durante la pandemia.
Fuente: Universidad del Salvador, IPM-USAL, II trimestre de 2020.

Cabe destacar que el IPM-USAL de estos países fue siempre superior al argentino y mostró una mayor estabilidad en el tiempo. Todos comenzaron el milenio con niveles de pobreza similares, pero tras dos décadas de una gestión macroeconómica más ordenada, Paraguay, Chile y Colombia presentan tasas de pobreza considerablemente menores que la de Argentina, que se ubica en el 40,9 % de la población.

Volatilidad macroeconómica y falta de previsibilidad

Desde 2017, el valor del IPM-USAL de Argentina ha mostrado una tendencia a la baja. Al mismo tiempo, se observa una gran regularidad en el índice del resto de los países analizados. Esto obliga a poner el foco en un factor complementario: la volatilidad macroeconómica.

La estabilidad es un elemento determinante del crecimiento económico. Los países que crecen suelen ser más estables, y viceversa. Argentina no solo presenta el peor desempeño relativo, sino que también exhibe la mayor variabilidad en su índice macroeconómico.

La falta de previsibilidad limita la capacidad de consumidores y productores para proyectar, invertir, crecer y desarrollarse. En contextos tan volátiles como el argentino, estas decisiones quedan prácticamente anuladas. El crecimiento en entornos inestables difícilmente sea duradero. La historia económica argentina ofrece múltiples ejemplos de esta dinámica.

Reflexión final

Argentina arrastra muchos años de mala gestión de su macroeconomía, y los resultados están a la vista. La pandemia no hizo más que profundizar problemas estructurales preexistentes.

Para revertir esta tendencia, el primer paso será adoptar medidas orientadas a mejorar la estabilidad macroeconómica y la salud general de la economía.

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Referencias

International Monetary Fund. (2020, April 15). COVID-19 — Impact and policy considerations. G-20 Surveillance Note. https://www.imf.org/external/np/g20/pdf/2020/041520.pdf

Marcarian, L., Sisti, E., & Hernández, M. (2020). Índice de performance macroeconómica (IPM-USAL): II trimestre de 2020. Análisis por país. Universidad del Salvador, Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales. https://fceye.usal.edu.ar/

OECD. (2020). COVID-19 in Latin America and the Caribbean: Regional socio-economic implications and policy priorities. OECD Policy Responses to Coronavirus (COVID-19). https://doi.org/10.1787/93a64fde-en

Por Leandro Marcarian

Leandro Marcarian es economista de Buenos Aires. Es licenciado en economía de la Universidad de Buenos Aires (2008), posgrado en economía de la Universidad Torcuato Di Tella en 2012, dos programas de educación ejecutiva del Fondo Monetario Internacional (crecimiento inclusivo, 2016) y la Universidad de Harvard (Economía líder crecimiento, 2017), y en 2018 el concluyó con méritos el programa de Economía Financiera MSc en Birkbeck, universidad de Londres. Ha trabajado tanto en el sector privado como en el público, en Argentina y en el exterior, en academia y en cooperación con organismos internacionales. Durante los últimos años le ha dedicado a la docencia e investigación. Sus tópicos de investigación son variados, pero es un apasionado de la interacción entre el crecimiento económico y la reducción de pobreza.