La incorporación de los pequeños agricultores es un tema clave en el actual panorama agroalimentario mundial. Los importadores de alimentos y las instituciones financieras y de gobierno, son muy conscientes del papel fundamental que puede desempeñar la pequeña agricultura. En otras palabras, la “integración” de los pequeños agricultores garantizaría una entrada más consistente y estratégicamente programada de productos alimentarios de alto valor en los mercados alimentarios en constante expansión.
En este contexto global, los pequeños agricultores tienen teóricamente la oportunidad de entrar en esas cadenas de suministro y mantener negocios familiares de éxito que les permitan vivir mejor. Aunque existe un enorme potencial sin explotar, la realidad suele ser diferente; entre otras cosas porque el valor inherente a las producciones familiares se extrae y no revierte en quienes producen.
La dinámica global descrita anteriormente es relevante, de una forma u otra, para muchos lugares rurales de todo el mundo. Este artículo destaca un caso emblemático de producción de aguacate a pequeña escala en Colombia, uno de los países latinoamericanos que aumentó rápidamente sus exportaciones de aguacate a Europa y China.
Aguacates de Antillana en Antioquía, en el Caribe colombiano
Montes de María es una subregión estratégicamente situada en el Departamento de Bolívar y Sucre. Es una zona tradicionalmente agrícola y de gran biodiversidad. La zona es conocida por su producción de ganado, maíz, arroz, yuca, ñame, plátano, tabaco, café y la variedad antillana de aguacate.

La variedad antillana, o de las Indias Occidentales, es una de las tres razas originales de aguacate de las que deriva el cultivar comercial Hass (Knight y Campbell 1999). La variedad antillana, menos conocida internacionalmente, tiene un sabor único y sirve de base para una gran variedad de platos y productos derivados como el cuidado de la piel, la medicina, las especias y la madera fina. Sin embargo, lamentablemente, pocos de estos productos únicos y beneficiosos ven la luz del día porque la mayor parte de los productos de aguacate de Montes de María salen de la región en simples sacos de yute lo cual no beneficia su preservación.
A Cartagena a pie, ola y rueda: la ruta del aguacate
En Montes de María, la producción de la variedad antillana de aguacate se ha desplazado hacia las zonas más marginales del interior de difícil acceso. Los campos más céntricos han sido comprados para la producción de aceite de palma y de variedades de aguacate más comercializadas, como la variedad Hass, que se cultiva en monocultivo. En cambio, en las colinas, los agricultores familiares en su mayoría de origen afrocolombiano e indígena zenúes, siguen cultivando el aguacate antillano en huertos mixtos.
El camino hacia el mercado es largo y fragmentado. Julio, un jornalero que transporta aguacates, comenta: “Hago el acarreo de aguacate a través de mulos y luego a través de las lanchas que traen las cargas y puesto ahí en La Torre del Playón.”
En El Playón, un punto intermedio de la ruta, los jornaleros venden sus sacos de aguacates que contienen unos 50 kg por 60.000 pesos colombianos cada uno. Esto equivale a unos dieciséis dólares, es decir, unos catorce euros. El trabajo en sí mismo es intenso e implica costos adicionales.
Por lo general, en un día sacan 20/30 bultos de aguacate [pero] con 4,5 mulos hasta el puerto y el puerto vende a la lancha. Creo que a ellos les cobran alrededor de 2,000 pesos la lancha para el traslado desde el Puerto Mesitas, donde llegan ellos, hasta acá: La Torre de Playón.
-Julio, un jornalero

Oportunidades perdidas
A pesar de la invaluable contribución de las prácticas agronómicas variables a la biodiversidad, así como del potencial del aguacate como producto base, las plantaciones familiares de los Montes de María carecen en gran medida de apoyo. La Universidad de Antioquía ha intentado desde hace mucho tiempo solucionar esta carencia, desarrollando un programa educativo adaptado a las realidades de las comunidades rurales (Pedagogía en Ruralidad y Paz). La Universidad tiene una larga relación de trabajo con los pueblos de la región, que -como resultado de cinco décadas de conflicto- se han visto privados de las oportunidades sociales, culturales y económicas que se encuentran en las ciudades. A través de la revitalización del territorio y sus comunidades, se crean oportunidades para la paz y la estabilidad social. En este contexto, queda claro que el aprovechamiento del valor de un producto mundialmente apreciado como el aguacate, tiene un potencial que va más allá de la realización de un precio justo.
Capital transnacional y conexión: ¿qué se puede hacer?
La economía política internacional estudia las conexiones entre las empresas transnacionales. En particular, se estudian las interacciones entre las empresas y organizaciones de zonas consideradas “centrales” y las élites locales de otros lugares, con el fin de comprender cómo se forman las alianzas. Posteriormente, y en gran medida como resultado de la orientación histórica de la disciplina de la ciencia política inglesa y estadounidense, se explora activamente la cuestión de si está surgiendo un Estado global. Sin embargo, esta lente pasa por alto el potencial de otras formas de conexión y alianza menos predecibles, más difusas y potencialmente más disruptivas, como las inmanentes a Montes de María.
A medida que continúa la tendencia a la incorporación de los pequeños productores, existe la oportunidad de influir en las condiciones en las que se pueden materializar las posibles situaciones de doble ganancia. Las alianzas entre universidades, empresas responsables y consumidores y productores tienen la oportunidad de apoyar un programa de apoyo rural como el de la Universidad de Antioquia. Aunque las cuestiones que se plantean son complejas, son muchos los beneficios mutuos que pueden obtenerse mediante la cooperación internacional e interinstitucional. Entre ellos se encuentran la facilitación y el apoyo de redes de consumidores y productores, la creación de planes de acción conjuntos sobre salarios e ingresos dignos, la contribución al reconocimiento del valor de formas menos estrechas y el desarrollo de marcas y etiquetas que apoyen y reinviertan en las comunidades. Apoyar este tipo de iniciativas no sólo tiene el potencial de satisfacer los intereses mutuos, sino que también fortalece la capacidad de la comunidad -y, por ende, la capacidad nacional de Colombia- para dirigir su propio desarrollo.
Todas las fotos fueron tomadas por Justa Hopma y Nestor Daniel Vargas
Sobre los Autores
Justa Hopma es una escritora independiente especializada en temas como la agricultura, la seguridad alimentaria, el cambio del sistema alimentario y la cooperación internacional. Obtuvo su doctorado sobre el cambio del sistema alimentario en Jordania en el Departamento de Relaciones Internacionales y Geografía Humana de la Universidad de Aberystwyth. Posteriormente, diseñó una investigación postdoctoral sobre justicia alimentaria global en la Universidad de Sheffield. Está interesada en todo lo relacionado con el cambio de sistemas, incluida la facilitación de la coproducción y la creación de asociaciones equitativas en el ámbito de la alimentación y la agricultura. Actualmente trabaja como escritora y consultora independiente. Puedes encontrar su portafolio en Medium y leer más sobre sus proyectos de consultoría e investigación en su sitio web personal.
Néstor Daniel Vargas es sociólogo de la Universidad de Antioquia, Magíster en Educación de la misma Universidad. Su experiencia laboral ha estado enmarcada en el trabajo con comunidades campesinas, indígenas y afrocolombianas. Forma parte del comité académico del pregrado en “Pedagogía en Ruralidad y Paz” que lidera la Facultad Nacional de Salud Pública, la Facultad de Educación y diferentes organizaciones campesinas del país.