el juego del monopolioFoto por John Morgan

Uno de los efectos no deseados de las cuarentenas que se llevaron a cabo a lo largo y ancho del mundo para combatir el COVID-19 fue la bancarrota y cierre de muchas empresas. Ese efecto fue particularmente más grave en países chicos con poco acceso al crédito. Donde existe crédito fluido, las empresas pueden financiar los periodos de baja facturación con crédito bancario, sobrevivir la época baja del ciclo económico, y repagar sus deudas en la nueva fase expansiva del ciclo.

En países donde el crédito es poco o nulo, las empresas dependen casi en su totalidad de la autofinanciación, por lo que, de no tener ahorros previos, probablemente no puedan sobrevivir periodos largos de baja facturación, como, por ejemplo, una cuarentena de varios meses.

Este segundo caso describe la realidad argentina. Se estima que, desde el inicio de la cuarentena, a mediados de marzo de 2020, han desaparecido aproximadamente 60.000 empresas. Este dato no es menor, ya que representa un 10% del total de empresas vigentes, según el último dato disponible de 2017.

El efecto de la desaparición de empresas no solo es negativo desde el punto de vista del empleo y la pobreza, sino que también perjudica directamente a los consumidores y a los productores más pequeños (dentro de ese selecto grupo de sobrevivientes a la cuarentena). Se puede asumir sin pérdida de generalidad, que las empresas más afectadas por la baja en la facturación y el poco acceso al crédito son las más pequeñas. Empresas más grandes tienen mayores posibilidades de conseguir crédito, tanto local como internacional, dado que presentan mejor colateral, y a su vez, tienen mayores niveles de liquidez de donde poder generar sus propias reservas para autofinanciarse. Si esto es cierto, entonces las primeras empresas en morir son las más pequeñas.

Pero, ¿qué pasa cuando una empresa muere? Los mercados existen independientemente de las empresas, por lo que, cuando una empresa desaparece, los consumidores a los que esa empresa abastecía se reparten entre las empresas sobrevivientes. Esto implica que cada empresa sobreviviente aumenta su market-share. No solo eso, uno podría asumir, que las empresas más grandes son las que más preparadas están para absorber esa nueva clientela, y, por lo tanto, se apropian de una proporción mayoritaria de los nuevos clientes, aumentando su cuota de mercado más que lo que lo hacen las empresas más chicas que operan en ese mercado.

Gráfico 1. La desaparición de una empresa aumenta el market-share de las sobrevivientes.

Este proceso termina con mercados más concentrados, menos empresas con mayores market-share cada una, y donde las empresas más grandes se ven beneficiadas proporcionalmente más. Tanto consumidores como los productores pequeños serán rehenes de las grandes empresas con mayor poder de mercado (en el límite, con poder monopólico).

Las cuarentenas utilizadas como estrategia para combatir el COVID no solo han dejado como resultado niveles de desempleo y pobreza sin precedentes, sino que, desde el punto de vista del sistema económico, el resultado final será que se transformará a la economía argentina, y probablemente a la economía mundial, en una con más poder de mercado para las grandes empresas y menos bienestar para todos los demás. 

Monopoly flickr foto por John-Morgan compartido bajo licencia Creative Commons (BY)

Sobre el Autor

Leandro Marcarian es economista de Buenos Aires. Es licenciado en economía de la Universidad de Buenos Aires (2008), posgrado en economía de la Universidad Torcuato Di Tella en 2012, dos programas de educación ejecutiva del Fondo Monetario Internacional (crecimiento inclusivo, 2016) y la Universidad de Harvard (Economía líder crecimiento, 2017), y en 2018 el concluyó con méritos el programa de Economía Financiera MSc en Birkbeck, universidad de Londres. Ha trabajado tanto en el sector privado como en el público, en Argentina y en el exterior, en academia y en cooperación con organismos internacionales. Durante los últimos años le ha dedicado a la docencia e investigación. Sus tópicos de investigación son variados, pero es un apasionado de la interacción entre el crecimiento económico y la reducción de pobreza.

Por Leandro Marcarian

Leandro Marcarian es economista de Buenos Aires. Es licenciado en economía de la Universidad de Buenos Aires (2008), posgrado en economía de la Universidad Torcuato Di Tella en 2012, dos programas de educación ejecutiva del Fondo Monetario Internacional (crecimiento inclusivo, 2016) y la Universidad de Harvard (Economía líder crecimiento, 2017), y en 2018 el concluyó con méritos el programa de Economía Financiera MSc en Birkbeck, universidad de Londres. Ha trabajado tanto en el sector privado como en el público, en Argentina y en el exterior, en academia y en cooperación con organismos internacionales. Durante los últimos años le ha dedicado a la docencia e investigación. Sus tópicos de investigación son variados, pero es un apasionado de la interacción entre el crecimiento económico y la reducción de pobreza.