Históricamente, las intervenciones estadounidenses en América Latina han oscilado entre la promesa de estabilidad y la realidad del control. En nombre de la democracia, Washington ha justificado acciones militares, sanciones y presiones diplomáticas que, lejos de consolidar instituciones sólidas, han contribuido a perpetuar la fragilidad y la dependencia en la región (Meernik, 1996).
Asimismo, esta dinámica forma parte de la crisis democrática en América Latina, un fenómeno que Instituto Suru ha analizado en profundidad. Sin embargo, este tipo de intervenciones estadounidenses generó una cultura de dependencia institucional y un precedente peligroso para la soberanía latinoamericana, pues validó la idea de que el uso de la fuerza podía resolver disputas políticas internas. Esta tensión entre idealismo y hegemonía sigue marcando el rumbo de la política hemisférica, incluso en la actualidad (Daghrir, 2016; Jarquín, 2021).
Éxitos y fracasos de las intervenciones estadounidenses en América Latina
Más allá de que algunos analistas como Doswald-Beck (2009), D’amato (1990) y Furlong (1993) enfaticen que las operaciones en Granada (1983) y Panamá (1989) fueron consideradas exitosas o funcionales dentro del propio marco narrativo estadounidense. Si bien la invasión a Panamá logró sus objetivos inmediatos: la destitución de Manuel Noriega y la restauración del orden civil, la credibilidad de Estados Unidos se vio deteriorada, como evidencia Lutz (1990).
Por el contrario, las operaciones fallidas —como la invasión de Bahía de Cochinos en 1961— se convirtieron en un símbolo de los límites del poder estadounidense. Cabe destacar que, el episodio cubano reveló la incapacidad de Washington para comprender las dinámicas sociales locales y la profundidad del sentimiento antiintervencionista en la región. Cuba, paradójicamente, terminó fortaleciendo su narrativa revolucionaria frente al fracaso de la superpotencia (Laykó, 2017; Zelikow, 2020).
Intervención prolongada en Haití (1994–2010)
En particular, otro caso paradigmático es el de Haití. Las intervenciones de 1994 a 2010, promovidas bajo la bandera de la “reconstrucción democrática”, derivaron en una dependencia prolongada de organismos internacionales, debilitando aún más la autonomía del Estado haitiano. En ese orden de ideas, la llamada “soberanía tutelada” dejó al país atrapado entre la asistencia perpetua y la imposibilidad de autogobernarse plenamente. Estos episodios reflejan cómo las intervenciones estadounidenses en América Latina han dejado huellas duraderas en la estabilidad política y en la capacidad de los Estados para autogobernarse.
Presencia militar y el legado de las intervenciones estadounidenses en América Latina
Hoy, el despliegue militar y logístico de Estados Unidos en el Caribe debe analizarse a la luz de estas experiencias. El nuevo dispositivo naval estadounidense en aguas del Atlántico Sur reproduce las lógicas clásicas del control geoestratégico, aunque se presente como parte de una iniciativa contra el narcotráfico (Despliegue militar no es una operación antidrogas: es un cambio de régimen, 2025).
En consecuencia, la presencia de buques y personal militar no puede entenderse fuera del contexto de competencia global con China y Rusia ni del legado de las intervenciones estadounidenses en América Latina que marcaron la seguridad regional durante el siglo XX.
Venezuela, sanciones y el intervencionismo estadounidense
En este escenario, Venezuela ocupa un lugar singular. La política de sanciones implementada por Washington no ha generado cambios políticos significativos, pero sí un deterioro sustancial de las condiciones sociales. Las medidas punitivas han incrementado la pobreza y la migración, afectando principalmente a la población más vulnerable. De acuerdo a Oliveros (2021), en un informe de Washington Office on Latin America (WOLA), las sanciones contribuyeron directamente a su profundo declive y al deterioro de la calidad de vida de los venezolanos.
Desde una perspectiva estructural, las sanciones han funcionado como un mecanismo de presión política. Por lo tanto, han operado más como un instrumento de presión que como una vía de negociación diplomática. Un análisis de Eland (2024), advierte que las sanciones del petróleo impuestas por Estados Unidos lograron infligirle un enorme daño a los ciudadanos venezolanos sin grandes logros tangibles en cuanto a la dirección política de Caracas. Además, las sanciones contribuyeron a profundizar el flujo migratorio no solo hacia los países vecinos de Venezuela, sino hacia Estados Unidos.
Es necesario evitar que la relación entre Caracas y Washington se transforme en un campo de batalla partidista dentro de la política estadounidense. Convertir a Venezuela en una bandera electoral de demócratas y republicanos no solo distorsiona la realidad venezolana, sino que entorpece cualquier avance hacia una política exterior coherente y sostenible. Venezuela debe ser entendida desde la política de Estado, no desde la competencia electoral y el choque partidista entre republicanos y democrátas.
Cooperación hemisférica y los límites del intervencionismo estadounidense
La experiencia histórica demuestra que las intervenciones estadounidenses en América Latina no han logrado resolver los desafíos estructurales de la región. América Latina necesita un nuevo enfoque de seguridad y cooperación. Las políticas centradas en la coerción, el aislamiento o la imposición de sanciones han demostrado su ineficacia. Solo una estrategia de respeto mutuo y coordinación regional podría sentar las bases de una seguridad hemisférica real. De acuerdo a Torres, Solís y Bello (2019), los “mecanismos regionales de cooperación” presentan un alcance significativo frente a la crisis venezolana, lo que sugiere que la vía multilateral tiene mayor potencial que el unilateralismo.
En este sentido, el papel de los organismos multilaterales y los mecanismos de integración latinoamericanos resulta indispensable para evitar la reproducción del paternalismo estratégico del pasado. Además, no se trata de negar la importancia de Estados Unidos como actor hemisférico. Por el contrario, es necesario redefinir su papel.
La región requiere alianzas equitativas y proyectos compartidos de desarrollo. Washington, por su parte, necesita comprender que su influencia en la región solo será legítima si se construye sobre principios de cooperación y no de subordinación, los cuales muestran señales de agotamiento y con el paso del tiempo han hecho más resiliente a Caracas ante los mecanismos de presión y aislamiento financieros, como demuestran Aldana (2025) y Cazal (2025). El liderazgo estadounidense debe, entonces, evolucionar del intervencionismo hacia la corresponsabilidad.
Lecciones de la historia: diálogo sobre dominación
El desafío, por tanto, no está en si intervenir o no intervenir, sino en cómo relacionarse: con respeto, inteligencia estratégica y voluntad de construir puentes. La historia demuestra que los intentos de imponer modelos ajenos solo han producido fracturas y resentimientos. En cambio, cuando el hemisferio ha apostado por el diálogo y la coordinación, ha logrado superar incluso las etapas más convulsas.
Los ejemplos del Grupo de Contadora (México, Colombia, Venezuela y Panamá) y luego del Grupo de Apoyo de Esquipulas fueron ejemplos paradigmáticos de cómo la diplomacia regional latinoamericana logró contener los conflictos armados en Nicaragua, El Salvador y Guatemala sin intervención militar estadounidense directa. El propio proceso de Esquipulas representó una iniciativa de diplomacia regional autónoma donde la coordinación de los países centroamericanos desplazó parcialmente el protagonismo del poder externo (Jarquin, 2021).
En definitiva, el balance histórico de las intervenciones estadounidenses en América Latina confirma que la imposición genera más inestabilidad que soluciones duraderas. Esa es la lección fundamental que América Latina ofrece hoy a los Estados Unidos: que la cooperación, y no la dominación, es la verdadera vía hacia la estabilidad duradera.
Referencias
Aldana, B. (2025). Informe Especial: El sistemático proceso de evasión de sanciones. Misión Verdad. https://www.misionverdad.com/investigaciones/informe-especial-el-sistematico-proceso-de-evasion-de-sanciones
Berger, H. (2025, 18 de octubre). Venezuela Regime Change Helps Exxon—not Americans. The American Conservative. www.theamericanconservative.com/venezuela-regime-change-helps-exxon-not-americans/
Cazal, E. (2025). Sanciones y aranceles contra Venezuela: los desafíos son oportunidades. Misión Verdad. https://www.misionverdad.com/venezuela/sanciones-y-aranceles-contra-venezuela-los-desafios-son-oportunidades
D’Amato, A. (1990). The Invasion of Panama Was a Lawful Response to Tyranny. The American Journal of International Law, 84(2), 516–524.
Daghrir, W. (2016). The United States’ “Realist” Foreign Policy: Operation Just Cause in Panama as a Case Study. Journal of Arts and Humanities, 5(5), 30-37. www.theartsjournal.org/index.php/site/article/view/941
Despliegue militar no es una operación antidrogas: es un cambio de régimen. (2025, 23 de octubre). Mision Verdad. http://misionverdad.com/venezuela/despliegue-militar-no-es-una-operacion-antidrogas-es-un-cambio-de-regimen
Doswald‑Beck, L. (2009). “The Legality of the United States Intervention in Grenada.” Netherlands International Law Review, 31(3), 355‑377.
Eland, I. (2024, 5 de mayo). A Missed Off-Ramp for U.S. Venezuela Policy. The American Conservative. www.theamericanconservative.com/a-missed-off-ramp-for-failed-u-s-policy-toward-venezuela/
Furlong, W. L. (1993). Panama: The Difficult Transition towards Democracy. Journal of Interamerican Studies and World Affairs, 35(3), 19–64.
Gilboa, E. (1995). The Panama Invasion Revisited: Lessons for the Use of Force in the Post Cold War Era. Political Science Quarterly, 110(4), 539–562.
Jarquín, M. (2021). Contadora and the Latin American response to US intervention against the Sandinistas, 1982-86. The Americas, 78(4), 581-608. Cambridge University Press.
Laykó, D. (2017). Causes of the Bay of Pigs invasion’s failure. Corvinus Journal of International Affairs, 2(1), 43‑55.
Lutz, W. (1990). Doublespeak, the Invasion of Panama, and the Corruption of Public Discourse. The North American Review, 275(2), 56–57.
Meernik, J. (1996). United States Military Intervention and the Promotion of Democracy. Journal of Peace Research, 33(4), 391–402.
Oliveros, L (2020). Impacto de las sanciones financieras y petroleras sobre la economía venezolana. WOLA. www.wola.org/wp-content/uploads/2020/10/Oliveros-informe-completo-2.pdf
Torres, V., Solís, J., & Bello, A. (2019). Alcance de mecanismos de cooperación regional frente a la crisis política en Venezuela. Revista De Ciencias Sociales, 25, 208-223.
Zelikow, P. (2000). American Policy and Cuba, 1961‑1963. Diplomatic History, 24(2), 317‑334.
