Soldados españoles vigilan un campo de concentración en Cuba durante la reconcentración de Valeriano Weyler.

Décadas antes de las atrocidades de la Alemania nazi, ya existían campos de concentración en Cuba. A finales del siglo XIX, los gobernantes españoles recurrieron a esta táctica cuando una serie de levantamientos amenazaba su control sobre la isla, creando así los primeros campos de concentración en Cuba de la era moderna: un preludio olvidado de los horrores del siglo XX.

Arsenio Martínez Campos y el dilema moral del imperio español en Cuba

Era 1895, y el entonces gobernador general de Cuba, Arsenio Martínez Campos, se encontraba ante un dilema moral. Por un lado, expresaba cierta admiración por los revolucionarios cubanos que luchaban por la independencia. Los consideraba adversarios honorables por el trato humano que daban a los prisioneros de guerra españoles. En lugar de ejecutar o torturar a estos soldados, los rebeldes cubanos los devolvían ilesos en un acto de clemencia.

Aunque Martínez Campos respetaba su clemencia, también creía que la forma más eficaz de acabar con la resistencia cubana era responder con actos calculados de crueldad. Dado que los españoles tenían poco control sobre las zonas rurales, el campo se había convertido en un refugio para los guerrilleros, donde podían obtener apoyo, planear estrategias y prosperar. En esos lugares remotos, los campesinos simpatizantes les ofrecían comida y alojamiento, y a veces incluso se unían al movimiento. Del mismo modo, ocultarse entre la población rural permitía a estos combatientes evadir la detección de las tropas españolas.

Valeriano Weyler y el origen de los campos de reconcentración en Cuba

Martínez Campos reconoció el efecto devastador que tendría la destrucción de estos recursos sobre el movimiento rebelde. Por ello, escribió al primer ministro español para transmitirle sus ideas y, al mismo tiempo, solicitó ser relevado de su cargo, pues no quería ser él quien infligiera tales atrocidades. Atendiendo a su petición, España envió al capitán general Valeriano Weyler para que tomara las riendas de Cuba junto con refuerzos, depositando toda su esperanza en que conservara la colonia por cualquier medio necesario.

Al llegar a Cuba, Weyler se puso de inmediato manos a la obra y organizó los campos de concentración en Cuba conocidos como “reconcentraciones”, obligando a los campesinos a abandonar las zonas rurales para trasladarse a campos de reconcentración urbanos, fortificados con inventos relativamente recientes como el alambre de púas y las ametralladoras. Luego, las tropas españolas arrasaron el campo, destruyendo cosechas, ganado y viviendas. Siguiendo la estrategia de la «Marcha hacia el mar» del general William Sherman durante la Guerra Civil estadounidense, la táctica de Weyler separó a los combatientes rebeldes de los civiles que los apoyaban y de los recursos que estos les proporcionaban.

Preocupado principalmente por la gloria, Weyler no proporcionó provisiones a los campos de reconcentración, lo que generó condiciones de vida deplorables para los internados. Según la académica cubana Ada Ferrer, ganadora del Premio Pulitzer, se estima que hasta 170 000 personas pudieron haber perecido en estas prisiones improvisadas a causa de la desnutrición o de enfermedades derivadas de las condiciones insalubres. El abandono de estos prisioneros creó una situación equivalente a una ejecución masiva.

La indignación internacional y el fin del dominio español en Cuba

Aunque la campaña de Weyler logró frustrar temporalmente las tácticas guerrilleras en las que se basaban los rebeldes, resultó contraproducente: terminó provocando la rápida dimisión de Weyler y la pérdida de la colonia por parte de España pocos años después. En primer lugar, sirvió para unir a los cubanos en su lucha por la independencia frente a lo que consideraban un gobierno cruel y tiránico. También dividió a los políticos españoles, ya que algunos, en particular los liberales, juzgaron que aquel método era excesivo. Por último, los políticos y la prensa de Estados Unidos difundieron ampliamente su condena de los campos de concentración en Cuba, lo que despertó apoyo popular a favor de la intervención estadounidense en la lucha de la isla contra España.

Una vez que España quedó finalmente fuera de escena, Cuba aún no alcanzó una autonomía plena. Cinco años después de obtener su independencia, el Congreso de los Estados Unidos intervino en su convención constitucional y exigió que la isla incorporara la Enmienda Platt a su constitución, lo que convirtió a Cuba en un protectorado estadounidense. Aunque los defensores de la Enmienda Platt sostenían que garantizaba la estabilidad del país, en la práctica negaba a Cuba la soberanía que sus revolucionarios habían anhelado, sentando así las bases de décadas de tensión entre ambas naciones.

Conclusión: Lecciones sobre el poder y la colaboración

Los campos de reconcentración en Cuba ofrecen algo más que una sombría nota al pie de página de la historia. Revelan un patrón recurrente en el hemisferio occidental: cuando las naciones más poderosas intentan imponer su orden sobre las más débiles, surgen la violencia y la inestabilidad. Desde la Cuba colonial hasta la Guerra Fría y las intervenciones económicas contemporáneas, la lección sigue siendo la misma: la paz duradera se construye mediante la colaboración, no mediante el paternalismo.

Si el siglo XIX se definió por la conquista, el XXI debe hacerlo por la cooperación: por la voluntad de las naciones de resolver los problemas entre sí, no unas por otras. En América Latina, esa colaboración sigue siendo esencial para superar desigualdades y construir soluciones compartidas. Puedes leer más sobre este tema en nuestro artículo La cohesión social: identificar los problemas sociales entre países de América Latina.

Por Scott Tuttle

Scott Tuttle es el Director Ejecutivo y fundador del Instituto Suru. Obtuvo su doctorado en sociología en la Universidad de Kansas en 2023, con líneas de investigación centradas en la inmigración, los mercados laborales y las desigualdades raciales. Actualmente trabaja en el área de Investigación y Desarrollo del sistema judicial del condado de Jackson (Misuri) y se desempeña como profesor adjunto en Johnson County Community College y Park University. Cuenta con una maestría en sociología rural por la Universidad de Missouri (2012) y una licenciatura en psicología por la Universidad Estatal de Missouri (2007). Prestó servicio en el Cuerpo de Paz de los Estados Unidos (2008–2010) en Níger, África occidental, y vivió dos años en México, donde trabajó como profesor de inglés (2013–2015).