Chile ha elegido recientemente a un nuevo líder en una elección presidencial altamente publicitada, lo que ha reavivado el debate sobre la polarización política en Chile. Tras no haber obtenido ningún candidato el 50 % de los votos en noviembre, el país celebró una segunda vuelta entre Jeanette Jara, del Partido Comunista, y José Kast, del Partido Republicano. Kast resultó finalmente vencedor con el 59 % de los votos.
El contraste entre ambos candidatos, con frecuencia descritos como de extrema izquierda y extrema derecha, puede llevar a muchos observadores a interpretar el resultado como evidencia de una sociedad chilena profundamente polarizada.
La historia política reciente de Chile refuerza esta percepción. Los opositores de Jara, incluido Kast, presentaron su candidatura como una continuación del programa del presidente saliente de izquierda, Gabriel Boric. El giro de Boric a Kast representa un cambio político brusco de carácter pendular.
Sin embargo, el comportamiento electoral no siempre refleja una adhesión entusiasta a las propuestas de un candidato ni las actitudes políticas generales de forma directa. Incluso una revisión superficial de reacciones públicas, ya sea en secciones de comentarios, entrevistas callejeras o encuestas, revela un panorama más heterogéneo. La ambivalencia, el cinismo, el voto estratégico y la desafección coexisten junto al entusiasmo partidario.
Estas señales plantean una pregunta clave. ¿Un resultado electoral polarizado indica necesariamente una sociedad polarizada, o pueden los propios sistemas electorales crear la percepción de la polarización política?

Este artículo explora esta última posibilidad. En lugar de interpretar los giros electorales como expresiones directas de la ideología de masas, analiza cómo las instituciones electorales, la competencia partidaria y la visibilidad política pueden amplificar los extremos, fragmentar el centro y ocultar la moderación de muchos votantes. La elección chilena sirve así como punto de partida para una discusión más amplia sobre cómo los sistemas democráticos moldean lo que vemos y lo que tendemos a malinterpretar cuando las elecciones presentan opciones marcadamente opuestas.
La polarización política en Chile y los giros pendulares
Cambios de esta magnitud no son exclusivos de Chile ni siquiera de América Latina. En la vecina Argentina, años de gobiernos peronistas de orientación populista han dado paso recientemente a la presidencia del libertario radical Javier Milei.
En las elecciones federales de Alemania de 2025, los partidos conservadores y de derecha lograron avances significativos a costa de la anterior coalición de centroizquierda. Este resultado reconfiguró el panorama político tras un período de gobernanza más moderada (Espinoza Pedraza, 2025).
De forma similar, en 2019 los votantes del Reino Unido pasaron de un Partido Laborista liderado por Jeremy Corbyn, cuyo programa incluía socialismo democrático, nacionalizaciones y una ruptura con el consenso económico posterior a Thatcher, a un gobierno conservador encabezado por Boris Johnson. La campaña de Johnson se centró en el nacionalismo, el Brexit y apelaciones al orden y la seguridad (Bartle & Allen, 2025).
No obstante, asumir que estos giros pendulares reflejan cambios profundos en el sentimiento político general constituye una simplificación excesiva. En lugar de reflejar directamente la opinión pública, estos resultados se entienden mejor como el producto de filtros institucionales que exageran la división y oscurecen la ambivalencia.
Para comprender por qué ocurre esto, resulta necesario examinar cómo los propios sistemas electorales moldean los resultados políticos.
Cómo los sistemas electorales amplifican los extremos políticos
Los estudios comparativos sobre comportamiento electoral muestran que los cambios significativos en los partidos gobernantes son complejos y responden a múltiples factores. En el Reino Unido, Bartle y Allen (2025) describen a los votantes en elecciones con giros pendulares como actuando de forma termostática. Cuando el público percibe que un partido gobierna de manera demasiado agresiva o acumula un poder excesivo, tiende a alejarse de él.
Estos cambios rara vez están impulsados por una realineación ideológica profunda. Más bien reflejan el descontento con los costos y las compensaciones propias del ejercicio del poder.
Las elecciones multipartidistas pueden complicar aún más esta dinámica. Cuando varios partidos o candidatos compiten por votantes con preferencias ampliamente centristas, el centro político se fragmenta. Ninguna opción moderada logra suficiente impulso para dominar la contienda. Mientras tanto, grupos más cohesionados ideológicamente o altamente movilizados se agrupan en torno a alternativas más claras y extremas.
En estos casos, los candidatos situados en los márgenes pueden avanzar no porque representen a la mayoría, sino porque el centro no logra coordinarse de manera efectiva.
Por último, las reglas electorales desempeñan un papel central en determinar qué voces se amplifican y cuáles se filtran. Algunos sistemas recompensan posiciones claras y llamativas, mientras que otros fomentan la moderación al obligar a los candidatos a construir coaliciones amplias (Dow, 2010).
Como resultado, pueden producirse cambios políticos abruptos incluso cuando la mayoría de los votantes permanece concentrada cerca del centro. Lo que parece polarización es, en realidad, el resultado visible del diseño institucional y no un reflejo directo de la ideología de los votantes.
¿El voto obligatorio cambia los resultados electorales?
Más allá de la competencia partidaria y el diseño electoral, las reglas de participación también influyen en la expresión de las preferencias. La reciente elección presidencial chilena fue notable por su sistema de voto obligatorio. Aunque Chile no es el primer país en adoptar este modelo, la participación obligatoria sigue siendo poco común entre las democracias.
El voto obligatorio puede ampliar la inclusión democrática. Al mismo tiempo, incorpora al electorado a votantes con bajos niveles de interés o información (Hill, 2006). Las investigaciones sobre comportamiento electoral muestran que, cuando los ciudadanos están menos informados o menos interesados, tienden a depender de señales simples como el reconocimiento del nombre o las etiquetas partidarias (Bartels, 1996).
Los estudios sobre sistemas de voto obligatorio, en particular en Australia, demuestran que estas señales pueden influir de manera significativa en los resultados electorales, especialmente en elecciones complejas (King & Leigh, 2009).
Si bien el voto obligatorio no favorece de forma inherente a candidatos extremistas, la visibilidad y el reconocimiento pueden desempeñar un papel más relevante en la manera en que los votantes traducen sus preferencias en decisiones concretas.
Por qué la polarización política suele malinterpretarse
La forma en que los votantes son retratados en el discurso público también influye en la percepción de la polarización política. La cobertura mediática y el comentario político pueden generar la impresión de que los electorados están más divididos de lo que realmente están.
Un amplio cuerpo de investigación muestra que la polarización política suele exagerarse. Los votantes comunes tienden a ser mucho más moderados de lo que sugieren los resultados electorales o la retórica política (Fiorina, Abrams y Pope, 2005). Los estudios comparativos indican además que, mientras los líderes partidarios y los activistas mantienen posiciones ideológicas coherentes, la mayoría de los ciudadanos expresa preferencias mixtas y específicas por tema que no se alinean de forma consistente con un solo campo ideológico (Dalton, 2008).
Las élites políticas suelen estar más polarizadas ideológicamente y son mucho más visibles en el espacio público. Como resultado, sus conflictos dominan la cobertura mediática y con frecuencia se confunden con polarización social (Baldassarri y Gelman, 2008).
Además, el debate público tiende a amplificar las voces de minorías políticas altamente comprometidas. Activistas, comentaristas y élites partidarias intervienen con mayor frecuencia y vehemencia. Los entornos mediáticos contemporáneos recompensan el conflicto y la claridad por encima del matiz. En consecuencia, las posiciones extremas parecen más prevalentes de lo que realmente son y eclipsan las preferencias más silenciosas del electorado en general.
Qué nos dice la polarización política sobre las elecciones
Las elecciones no son espejos neutrales de la opinión pública. Son procesos institucionales que traducen preferencias complejas, desiguales y a menudo moderadas en un número reducido de resultados visibles. Al hacerlo, simplifican inevitablemente la realidad política.
Cuando las elecciones producen opciones muy contrastadas o giros dramáticos, el resultado suele interpretarse como evidencia de un electorado polarizado. Sin embargo, estas interpretaciones confunden los resultados electorales con las actitudes sociales. Lo que parece polarización puede reflejar, en cambio, la manera en que los sistemas democráticos agregan preferencias, estructuran la competencia y restringen las opciones en la etapa final de decisión.
Desde esta perspectiva, la polarización no siempre es una propiedad del electorado en sí, sino un subproducto de cómo los sistemas políticos convierten preferencias difusas en resultados decisivos. Las elecciones hacen visibles algunas divisiones mientras otras permanecen ocultas, lo que lleva a inferir conflicto ideológico allí donde la compresión institucional desempeña un papel central.
Conclusión: interpretar la elección chilena más allá de la polarización
La elección chilena puede entenderse no como el reflejo de una ciudadanía profundamente polarizada, sino como el producto de un sistema democrático que traduce preferencias diversas y desigualmente distribuidas en un conjunto limitado de opciones finales. El resultado dice menos sobre una adhesión de los votantes a ideologías extremas y más sobre cómo las reglas electorales, la competencia partidaria y la visibilidad política moldean lo que aparece en la boleta electoral.
Las instituciones democráticas filtran y estructuran la elección política. Al hacerlo, pueden exagerar las diferencias y ocultar los matices. Vista de este modo, la elección chilena revela menos sobre una sociedad profundamente dividida y más sobre cómo los sistemas democráticos convierten preferencias variadas y a menudo moderadas en momentos políticos decisivos. Reconocer esta distinción resulta clave no solo para comprender el caso chileno, sino también para interpretar las elecciones en general.
Lecturas recomendadas
Para ampliar el contexto sobre las instituciones democráticas, la rendición de cuentas y los procesos políticos en la región, puede resultar útil consultar los siguientes artículos:
- Crisis de la democracia en América Latina—Un análisis de cómo los sistemas democráticos en la región enfrentan tensiones institucionales, pérdida de confianza pública y desafíos estructurales.
- Rendición de cuentas de expresidentes: ¿una nueva era?—Un examen de cómo los procesos judiciales contra antiguos jefes de Estado influyen en la legitimidad democrática más allá de los ciclos electorales.
- La militarización en Brasil—Un estudio de caso sobre los riesgos institucionales asociados a la expansión del poder militar y sus efectos sobre la democracia y el orden civil.
References
Baldassarri, D., & Gelman, A. (2008). Partisans without constraint: Political polarization and trends in American public opinion. American Journal of Sociology, 114(2), 408–446. https://doi.org/10.1086/590649
Bartels, L. M. (1996). Uninformed votes: Information effects in presidential elections. American Journal of Political Science, 40(1), 194–230. https://doi.org/10.2307/2111700
Bartle, J., & Allen, N. (2025). An unpredictable pendulum: UK electoral dynamics in the twenty-first century. British Politics, 20, 339–362. https://doi.org/10.1057/s41293-025-00283-8
Espinoza Pedraza, L. (2025, March 7). Shifting tides: The far-right’s rise and Germany’s electoral dilemma. Modern Diplomacy.https://moderndiplomacy.eu/2025/03/07/shifting-tides-the-far-rights-rise-and-germanys-electoral-dilemma/
Dalton, R. J. (2008). Citizen politics: Public opinion and political parties in advanced industrial democracies (5th ed.). CQ Press.
Fiorina, M. P., Abrams, S. J., & Pope, J. C. (2005). Culture war? The myth of a polarized America. Pearson Longman.
Hill, L. (2006). Low voter turnout in the United States: Is compulsory voting a viable solution? Journal of Theoretical Politics, 18(2), 207–232. https://doi.org/10.1177/0951629806061868
King, A., & Leigh, A. (2009). Are ballot order effects heterogeneous? Social Science Quarterly, 90(1), 71–87. https://www.jstor.org/stable/42940572
