Tras una protesta nacional masiva, los chilenos votaron de manera contundente a favor de una nueva constitución en 2020. Sin embargo, apenas dos años después, cuando se presentó el texto constitucional propuesto, la mayoría del electorado lo rechazó. ¿Qué cambió durante esos dos años?
El relato dominante sobre el fracaso del proceso constitucional chileno suele centrarse en acusaciones de exceso. Entre las explicaciones más comunes se encuentran una convención constitucional demasiado radical, una mala redacción del texto, la polarización cultural y una desconexión entre los activistas y los “votantes ordinarios” (Alemán y Navia, 2023). Si bien estos factores tienen cierta validez, es posible que no expliquen completamente lo ocurrido.
Un artículo reciente (2025) publicado en el Bulletin of Latin American Research por Stefano Palestini y Rodrigo Medel propone una perspectiva distinta. En lugar de enfocarse exclusivamente en la convención constitucional, los autores plantean una pregunta más fundamental: ¿qué cambios se produjeron dentro del electorado?
Sus hallazgos indican que el cambio en los resultados electorales no se debió a la ideología, la desinformación ni al sabotaje de las élites. En su lugar, señalan una explicación aparentemente neutral desde el punto de vista democrático: el voto obligatorio en Chile.
Voto obligatorio y cambios en el electorado
Palestini y Medel señalan que las primeras etapas del proceso constitucional chileno se desarrollaron bajo un sistema de voto voluntario, adoptado en 2012. Aunque el 80 % del electorado apoyó la redacción de una nueva constitución, la participación general fue moderada y reflejó principalmente la movilización de ciudadanos políticamente comprometidos, incluidos votantes habituales, participantes en protestas y personas con suficiente confianza en las instituciones como para creer que su participación podía generar un impacto.
Sin embargo, para el plebiscito final de 2022, Chile volvió al voto obligatorio, una práctica vigente desde fines de la década de 1980 hasta 2012 (Barnes y Rangel, 2014). Este cambio produjo un aumento de aproximadamente seis millones de votantes. No obstante, como subrayan los autores, este incremento no constituyó una adición neutral al electorado. Muchas de estas personas no habían participado en elecciones durante años, y algunas nunca habían votado antes, lo que plantea interrogantes sobre las implicaciones de un cambio tan drástico en la participación electoral.
Desafección política y el “ciudadano retirado”
A partir de datos de encuestas entre 2012 y 2018, anteriores al inicio del proceso constitucional, los autores identifican un segmento estable de la sociedad chilena al que denominan el “ciudadano retirado”. Este grupo no se define por una ideología específica ni por divisiones extremas de clase, sino por un patrón de distanciamiento respecto del proceso político.
Los ciudadanos retirados suelen mostrar bajo interés por la política, una participación mínima en elecciones o protestas y una profunda desconfianza hacia las instituciones. Con frecuencia pertenecen a la clase media, son más jóvenes y cuentan con suficiente nivel educativo como para desenvolverse en su vida cotidiana sin depender en exceso del Estado, aunque no son necesariamente los sectores más pobres ni los más ricos de la sociedad.
Bajo un sistema de voto voluntario, muchos de estos ciudadanos optaban por no acudir a las urnas. Sin embargo, bajo el voto obligatorio, se vieron forzados a participar.
Los autores formulan una afirmación empírica prudente y limitada: cuando estos votantes previamente ausentes ingresaron masivamente al electorado, el apoyo agregado al proyecto constitucional se desplazó a la baja, especialmente en aquellas zonas que habían registrado niveles reducidos de participación durante la etapa de voto voluntario.
Estos resultados sugieren que el rechazo a la constitución no necesariamente implicó un desacuerdo con disposiciones específicas del texto. Más bien, podría reflejar una resistencia más amplia a la transformación política en contextos de incertidumbre.

Nota: Las estimaciones se derivan de un análisis de conglomerados de las encuestas de AmericasBarometer (2012–2018), siguiendo a Palestini y Medel (2025). La figura ilustra la persistencia y el aumento moderado de ciudadanos políticamente retirados antes del proceso constitucional. Los valores son descriptivos y no implican significancia estadística ni causalidad.
Lo que dice la investigación sobre los efectos del voto obligatorio
Las reglas del voto obligatorio varían entre los países que adoptan este sistema. En Chile, los votantes habilitados se inscriben automáticamente y pueden enfrentar multas si no concurren a votar sin una justificación válida. Entre las excusas aceptadas se incluyen enfermedades, encontrarse fuera del país o a más de 200 kilómetros del local de votación, u otros impedimentos verificables (Servel, 2024).
En el plebiscito constitucional de 2022 y en la reciente elección presidencial de 2025, el voto obligatorio incrementó sustancialmente la participación, con aproximadamente el 85 % del electorado emitiendo su voto.
La defensa del voto obligatorio suele basarse en la disminución de la participación electoral, especialmente en países más industrializados (Lever, 2010). Quienes votan tienden a ser más comprometidos, con mayor nivel educativo, de estatus socioeconómico más alto, de generaciones mayores y residentes en zonas urbanas (Keaney y Rogers, 2006). Como resultado, los grupos más desfavorecidos quedan subrepresentados en los resultados electorales, lo que plantea interrogantes sobre la equidad y la legitimidad democrática.
Si bien la investigación muestra que el voto obligatorio aumenta consistentemente la participación, sus efectos sobre el compromiso político son mixtos. En muchos contextos, los ciudadanos cumplen de manera mínima: asisten a votar, emiten votos en blanco o nulos, o votan de forma automática a favor del estatus quo (Singh, 2021). Cuando el voto obligatorio se elimina, los niveles de participación suelen regresar rápidamente a los observados antes de su implementación (Gaebler et al., 2020). Así, aunque la participación aumenta, la confianza y la eficacia política no necesariamente lo hacen.
El caso chileno ofrece una versión particularmente clara de esta dinámica. Al obligar a ciudadanos políticamente retirados a pronunciarse sobre un cambio institucional profundo, muchos parecen haber optado por la continuidad. Esta decisión pudo estar motivada menos por una oposición ideológica que por la incertidumbre respecto de las consecuencias del cambio.
Esto no implica que estos votantes sean irracionales o manipulados. Puede significar algo más simple y más inquietante: están razonablemente conformes, o al menos no lo suficientemente insatisfechos como para arriesgar una transformación profunda.
Retiro político y preferencias por el estatus quo
Una de las fortalezas del análisis de Palestini y Medel es que evita formular juicios normativos. Los ciudadanos retirados no son presentados como reaccionarios, ignorantes ni malintencionados. Más bien, se trata de individuos que se han adaptado al sistema existente y han aprendido a desenvolverse dentro de él.
Esta distinción es relevante porque muchas críticas al capitalismo, especialmente aquellas formuladas de manera amplia bajo el rótulo de “neoliberalismo”, suelen asumir la existencia de una insatisfacción latente generalizada lista para ser movilizada. El caso chileno complica esta suposición. Una sociedad puede ser desigual, fragmentada e institucionalmente frágil y, aun así, contar con un número significativo de ciudadanos que prefieren la previsibilidad antes que la transformación, sobre todo cuando el cambio es complejo e incierto.
Desde esta perspectiva, el fracaso constitucional aparece menos como una traición a las aspiraciones democráticas y más como un conflicto entre la insatisfacción movilizada y la desconexión arraigada.
Voto obligatorio, incertidumbre y resultados de estatus quo
Los hallazgos de Palestini y Medel sugieren que los ciudadanos retirados tendieron a favorecer la opción de no cambiar la constitución. Sin embargo, la pregunta clave es por qué mantuvieron esta preferencia. La respuesta probablemente no sea única y puede variar entre los sectores políticamente desconectados.
Desde hace tiempo, la ciencia política ha señalado que la abstención no siempre equivale a apatía. Los modelos de elección racional sostienen que los votantes, al evaluar costos y beneficios, pueden optar por no participar cuando no están seguros de qué alternativa se ajusta mejor a sus intereses, prefiriendo la no participación antes que emitir un voto mal informado (Downs, 1957).
En el caso chileno, los votantes poco informados no tuvieron la opción de abstenerse. La investigación sugiere que, cuando los votantes están mal informados pero obligados a elegir, tienden a inclinarse por preservar el estatus quo antes que respaldar una alternativa desconocida. Esta lógica se ha utilizado para explicar el comportamiento electoral en elecciones de retención judicial, donde los votantes —al carecer de información sobre el desempeño de los jueces o sus posibles reemplazos— suelen “ratificar” su permanencia como la opción menos riesgosa (Earley, 2013).
El análisis del plebiscito constitucional chileno revela así una tendencia más amplia, y no un caso excepcional. Cuando la participación es obligatoria y la incertidumbre es elevada, los resultados favorables al estatus quo se vuelven estructuralmente más probables. Este fenómeno no socava la democracia ni implica que los votantes sean irracionales. Más bien, pone de relieve cómo las reglas institucionales moldean la expresión de las preferencias, especialmente entre quienes, en otras circunstancias, optarían por no participar.
La conclusión principal no es un juicio sobre el voto obligatorio, sino un recordatorio analítico de que sus consecuencias conductuales pueden diferir de sus aspiraciones normativas. Si la no participación puede constituir una respuesta significativa frente a la incertidumbre, entonces obligar a participar puede modificar sistemáticamente los resultados electorales de formas previsibles pero insuficientemente examinadas. La experiencia chilena sugiere que esta dinámica merece mayor atención, en particular en votaciones de alto impacto que implican cambios institucionales complejos y poco familiares.
Lecturas recomendadas
Para un contexto más amplio sobre participación democrática, confianza institucional y desafección política en América Latina, los lectores también pueden consultar:
- La apariencia de la polarización política en Chile — Un análisis de cómo los conflictos entre élites y las narrativas mediáticas pueden exagerar las percepciones de polarización, incluso en sociedades donde amplios sectores de la población permanecen políticamente desconectados. Este trabajo ofrece un marco útil para entender cómo ciertos resultados electorales pueden reflejar retiro político más que una realineación ideológica.
- Democracia en América Latina — Un panorama regional sobre el deterioro de la confianza en las instituciones democráticas, que destaca la creciente brecha entre la participación formal y el compromiso político sustantivo en América Latina. El análisis sitúa casos como el de Chile dentro de tendencias más amplias de escepticismo institucional y legitimidad democrática desigual.
- Descentralización política en Colombia — Un estudio de caso sobre cómo el diseño institucional y las reformas de gobernanza se experimentan a nivel local, mostrando cómo los ciudadanos pueden adaptarse a los sistemas políticos sin participar activamente en ellos ni cuestionarlos. El análisis complementa la discusión sobre desafección al mostrar cómo la gestión cotidiana del Estado moldea las expectativas políticas.
Referencias
Alemán, E., y Navia, P. (2023). Chile’s failed constitution: Democracy wins. Journal of Democracy, 34(2), 90-104. https://muse.jhu.edu/pub/1/article/886935/summary
Barnes, T. D., y Rangel, G. (2014). Election law reform in Chile: The implementation of automatic registration and voluntary voting. Election Law Journal, 13(4), 570-582. https://doi.org/10.1089/elj.2013.0205
Contreras, G., y Morales, M. (2024). Masking turnout inequality. Invalid voting and class bias when compulsory voting is reinstated. Electoral Studies, 92, 102878. https://doi.org/10.1016/j.electstud.2024.102878
Downs, A. (1957). An economic theory of democracy. Harper & Row.
Earley, D. W. (2013). When bathtub crocodiles attack: The timing and propriety of campaigning by judicial retention election candidates. NYU Annual Survey of American Law, 68(239), 239-288. https://annualsurveyofamericanlaw.org/wp-content/uploads/2015/01/68-2_earley.pdf
Gaebler, S., Potrafke, N., y Roesel, F. (2020). Compulsory voting and political participation: Empirical evidence from Austria. Regional Science and Urban Economics, 81, 103499. https://doi.org/10.1016/j.regsciurbeco.2019.103499
Keaney, E., y Rogers, B. (2006). A citizen’s duty: Voter inequality and the case for compulsory turnout. Institute for Public Policy Research. https://ippr-org.files.svdcdn.com/production/Downloads/a_citizens_duty_1504.pdf
Lever, A. (2010). Compulsory voting: A critical perspective. British Journal of Political Science, 40(4), 897-915. https://www.jstor.org/stable/40930591
Palestini, S., & Medel, R. M. (2026). The ‘Withdrawn Citizen’: Making Sense of the Failed Constitutional Process in Chile. Bulletin of Latin American Research, 45(1), e70019. https://doi.org/10.1111/blar.70019
Servicio Electoral de Chile. (2024, October 24). ¿Me puedo excusar por no ir a votar? https://www.servel.cl/2024/10/24/me-puedo-excusar-por-no-ir-a-votar/
Singh, S. P. (2021). The consequences of compulsory voting. In Beyond turnout: How compulsory voting shapes citizens and political parties (pp. 38–56). Oxford University Press. https://doi.org/10.1093/oso/9780198832928.003.0002
